Para los residentes de la vivienda A. Philip Randolph, la vista al cruzar la calle no es nada de agradable.
Por cinco años, los residentes de viviendas publicas de la Autoridad de Viviendas de las Cuidad de Nueva York (NYCHA) han fijado su mirada a la fila de veintidós edificios de residencia (brownstones) abandonados. Ahora, los lideres inquilinos proponen no querer esperar más para que los edificios ya deteriorados se hagan empeoren.
Las viviendas ‘Randolph Houses’ están compuestas de 36 edificios de apartamentos en el sur y norte de la calle 114 entre Fredrick Douglas Blvd y Adam Clayton Powell Blvd. Según un representante de la NYCHA, en 2006, 159 familias tuvieron que evacuar sus apartamentos en el sur de la calle. Sesenta y cuatro de las familias se mudaron a otros apartamentos al cruzar la calle de Randolph House debido a un proyecto de trasferencia de residentes entre las viviendas publicas. Los demás se mudaron a otras viviendas suministradas por el NYCHA.
La mudanza fue incitada por una iniciativa de renovación de viviendas públicas en toda la cuidad por Michael Bloomberg, anunciada en 2005. “Nosotros estamos llevando a cabo un esfuerzo mas agresivo para construir y preservar viviendas asequibles para los residentes de Nueva York, y este anuncio demuestra nuestra promesa”, dijo Bloomberg en un comunicado de prensa de 2005, añadiendo que este proyecto preservará viviendas para más de 420.000 residentes.
Parte del proyecto incluye la renovación completa de 22 de los 36 edificios de apartamentos de Randolph Houses. Pero al contrario de la promesa de los oficiales de la cuidad para modernizar los edificios situados al sur de la calle, años después, los edificios quedan desocupados y en peor condición.
“Los edificios necesitan una renovación entera”, dice la presidente de la Asociación de inquilinos de A. Philip Randolph, Robertus Coleman, quien tomó residencia en el lado norte de la calle antes de la gran mudanza. “Los apartamentos de los primeros pisos se están hundiendo, la tubería necesita reparación. Demoler la cosa entera era la mejor solución, y los residentes se tuvieron que mudarse”, dice ella.
Un comunicado de prensa de 2007 dice que la última fase de la renovación tenía que haber sido completada en diciembre del 2009, pero es obvio que no ha habido ningún progreso.
El NYCHA se negó a ofrecer comentarios sobre esta discrepancia, pero advirtieron por correo electrónico que por el momento están “revisando opciones de fondos disponibles que subsistan el proyecto, las necesidades de los residentes, y que estén de acuerdo con los códigos locales, de la zona, y cualquier estatus del distrito histórico que se haya concedido al área o los edificios. NYCHA se queda comprometido a la rehabilitación de los apartamentos de Randolph Houses”.
Coleman dice que ha mantenido comunicación con NYCHA sobre los edificios abandonados, y tiene esperanza de que terminen la renovación que fue prometida. “Cada vez que dicen que están haciendo algo, aclaman que surgen problemas…Es muy, muy frustrante”, dice ella.
La tarea de limpiar este tizón es responsabilidad de la cuidad, dice, agregando que “somos de bajo ingreso—no tenemos dinero para reconstruir este lugar”.
Coleman dice que ella está perturbada de que perdieron tantos residentes en la calle , y que se veía como una familia extendida, y temía que después de tantos años, algunos ni querrán regresar a la calle 114, aunque la renovación se haya terminado.
“Quebraron el sentimiento de familia que tuvimos aquí, y no nos hemos acercado a ninguna solución”, dice ella. Coleman también reclama que los residentes evacuaron sus hogares antes del 2005, aunque el NYCHA mantiene que las mudanzas empezaron ese año.
La tensión ha incrementado debido a un nuevo condominio en construcción por las calles 114 y Fredrick Douglas Blvd., llamado la sabana de Harlem. Varios residentes temen que la inacción de la cuidad es un intento indirecto para mover a los residentes de bajo ingreso fuera del área.
“Quieren limpiar el área para darle oportunidad a la gente de mayor ingreso a mudarse aquí porque queda cerca del Parque Central”, dice Nebiyu Clette, un residente de la calle. “La cuidad no puede moverse y mudar a la gente como lo hizo hace 25 años”.
Otros residentes comparten estos sentimientos, temiendo que los condominios nuevos y la falta de renovación de los apartamentos en la calle 114 será un intento estratégico para empujar a los residentes pobres fuera para atraer a residentes de alto ingreso. “Quieren sacar a la gente de aquí para no tener que arreglar las viviendas”, dice una residente de la calle 114, Malika Lopez. “Yo sólo quiero que las familias que han habitado aquí por generaciones no sean obligadas a mudarse”.
Coleman dice que va a solicitar una reunión con el NYCHA en los primeros días de febrero para asegurar que la renovación ocurra. Dice que le está dando la oportunidad al nuevo presidente del NYCHA, John Rhea, para que tome una posición proactiva. Pero, agrega, los residentes están en los limites de sus paciencias.
Aunque espera que la renovación empiece de nuevo durante febrero, dice ella, “si esto no ocurre, verás a los residentes en las calles”.


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